Me gusta cuando lo veo por primera vez después de semanas de amarnos sin vernos. Al principio, sus ojos tienen un tinte despistado, como si de pronto no supiera dónde está o qué está haciendo ahí. Pero me ve...y cuando me ve, mil luceros aparecen en sus ojos y su sonrisa de mil watts le llena la cara.
Me gusta cuando trata de protegerme: de los montones de ardillas nadando en el parque, del frío de Noviembre, del agua, de los peñascos, de él mismo. Cuando toma mi mano, es como si la pegara con cola loca. Y yo ya no quiero soltarlo.
Me gusta recorrer su cara con mis dedos. Sus labios tan suavecitos, sus pestañas que ya quisiera yo tener (cada vez que parpadea, es como un huracán!), su nariz, la línea de su quijada. Él se queda calmadito, me deja que explore su cara y que se la cubra de besos.
Me gusta lo tímido que es. A veces, no se deja besar. Pero basta una mirada para derretirle la terquedad y hacer que compartamos un largo beso de fresa hasta en la mitad de un estadio.
Me gusta su pelo, porque siempre huele rico y porque lo tiene más bonito que el mío. Su mamá sí que se lo cuida. Bueno, más bien yo, porque me la paso peinándole las greñas con mis dedos.
Me gustan sus manos, porque sus manos hacen su vida, que es la música. Sus dedos son maestros en la guitarra y en el bajo, se mueven por aquí, por allá y por todos lados. Es como si la guitarra cantara, seducida por su toque. A veces me pongo celosa de sus numerosas guitarras; después de todo, él crea con ellas algo que jamás podrá crear conmigo. Pero él sabe que todos los celos se borran si toca una canción.
Me gusta él. Cada parte de su personalidad, sus más perfectas perfecciones y sus más imperfectas imperfecciones, lo que le gusta y lo que no, lo que hace bien y en lo que se equivoca. Lo que tenemos juntos no lo cambiaría por nada en el mundo. Lo amo, y sé que me ama, y nada me hace más feliz.
Happy Birthday, asshole.
Hace 1 semana.
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