En la clase de fotografía tenemos un sistema de premios dependiendo en qué tan buenas sean tus fotos.
Si tus fotos son chafas, no te dan cámara y tienes que arreglártelas con la que tengas en tu casa.
Si tus fotos son dos tres, te dan una Vivitar chiquita con resolución semidecente como ésta:
Si tus fotos son buenas, te dan una Olympus que tiene cualidades curadas y que sirve muy bien:
Si tus fotos son muy, muy buenas, te dan una Canon Powershot para que compongas tus obras de arte moderno:
Y si tus fotos son dignas de mostrarse en un museo, te dan una Nikon D70:
Cuando entré a la clase, no tenía cámara. Orgullosamente les digo que ahora tengo en mi poder a la bellísima Canon, que toma super fotos y que me sirve para tomar fotos de exposición larga, que es mi especialidad. Digo yo.
Pero cada tercer día, me aproximo a la alacena donde mantienen a las Nikons, y las miro largamente. Y me parece que me guiñan sus bonitos Macro Sigma lentes. He tratado, sin éxito, de agarrar una de esas Nikons, premio de los dioses. Una vez, mi maestra me dejó tocarla y me apresuré a tomarme una foto con ella:
Pueden ver por la extraña mirada de loca recién escapada del manicomio la felicidad que sentía.
Oh, Nikon de mi alma, un día te he de agarrar!
Happy Birthday, asshole.
Hace 1 semana.
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