Antier soñé a Javier. Soñé que lo buscaba y que se escondía de mí. Corrí por todos lados buscandolo para disculparme, pero todo mundo me dijo que ya no estaba. Al final encontré a un niño que se le parecía. Le dije que le dijera que me disculpara por todo lo que le hice y fuera muy feliz con su novia.
Fue un sueño raro, pero no me extraña. Javier era un amigo de la secundaria, y él me quiso como nadie nunca me iba a querer. Por supuesto, no le correspondí. Era tonta e inmadura y no supe apreciar cuanto me quiso hasta que era ya muy tarde. Me quiso sin esperar nada a cambio por tres años. Yo nunca le di esperanzas, o al menos quiero pensar que nunca se las di. No quise que se hiciera ilusiones. Pero el de todos modos se hizo ilusiones. Recuerdo la última vez que lo vi, en la graduación de la escuela. El era mucho mas alto que yo. Me dio un abrazo que casi me rompe la espalda en dos. Me dijo, "No te vayas". Y lloró. Pero lo último que me dijo no fue eso. Fue "regresa". Pero por supuesto, me fui. No por que quisiera irme necesariamente, pero no protesté. Sería como hacer una vida nueva. Así que no pensé mucho de las palabras de Javier, las guarde en algún rincon de mi memoria.
Y ahora, casi cinco años después, pienso en Javier. Pronto se olvidó de mí, y siguió adelante con su vida como debio de haberlo hecho cuando eramos aquel par de niños tontos. El siguió adelante, sin saber lo mucho que me dolía que lo hiciera. Y es que duele. Es un sentimiento egoísta. Cuando las cosas van mal aquí, siempre pienso que las cosas serian mejor en Tijuana. La verdad es que no tengo idea de que tan bien o mal las cosas iban a ser en Tijuana, porque no estoy ahi. Tal vez en otra dimension, pero no en esta. No sé. Pero la Tijuana que guardo en mi cabeza es casi perfecta, un lugar lleno de memorias mal recordadas y personas que ya no conozco. Ya no conozco a nadie ahí. Tenía amigos que ya no estan, porque crecieron. En mi cabeza todos son todavía mocosos y mocosas de secundaria, todos mis amigos, a todos los conozco como la palma de mi mano. En realidad, todos son hombres y mujeres, todos extraños que alguna vez fueron mis amigos.
Y los extraño ahora porque ya no sé que hago aquí. Y es por eso que recuerdo a Javier, porque ahora sé como se siente amar a alguien hasta que te duele a ti, tratar con todas tus fuerzas de hacerlo feliz pero fracasar. Ahora me toca sentir que es lo que es ver a tu persona amada sufrir por algo que ni es tu culpa, pero igual te duele, quizá mas de lo que les duele a ellos.
Es raro esto de estar sentada al lado de tu esposo deprimido y soñar con tus años de la secundaria. Se siente casi como una traición.
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